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Artculos de la Villa de Espera

Sermn al Cristo de las Injurias

 

 

DESAGRAVIOS DE LAS SAGRADAS IMGENES DE NUESTRO SEOR JESUCRISTO

 

     

            El Mro. Fr. ANTONIO DE SAN MIGUEL, jubilado en Sagrada Theologa, General del Orden de San Geronymo.

            Doy licencia, para que se imprima el Sermon: Desagravios de las Imagenes de Jesu-Chirsto, &c. predicado por el P. Fr. Fernando Zevallos, Prior de nuestro Monasterio de San Isidro del Campo, en la Iglesia de San Milln de Madrid, el da ocho de Julio de este ao; atento constar por la Censura del Rmo. P. Mro. Fr. Alonso Navalmoral, ex-General de nuestra Religion, no contener cosa alguna contra la sana Doctrina, buenas costumbres, y Leyes de nuestro Reyno. Dada en San Geronymo de Jesus de Avila seis de Agosto de mil setecientos y setenta aos.

 

            Fr. Antonio de San Miguel.

                                   General,

 

 

                                                                                  Por mandado de su Rma.

                                                                                       Fr. Pedro de Naxera,

                                                                                               Secr, Gen,

 

 

 

 

            El Lic. DON JOSEPH DE AGUILAR y Cueto, Canonigo de la Santa Iglesia Metropolitana, y Patriarchal de esta Ciudad, Gobernador, Provisor, y Vicario General en ella, y su Arzobispado por el Eminentissimo, y Excelentissimo Seor D. Francisco por la Divina Misericordia de la Santa Romana Iglesia Presbytero Cardenal de Sols, del ttulo de la Basilica de los Santos doce Apostoles, del Insigne, y Real Orden de San Genaro, y de el de Calatrava, del Consejo de S. M., Arzobispo de esta Ciudad, et mi Seor.

            Por el tenor de la Presente, y lo tocante esta Jurisdiccin Ordinaria Eclesiastica, doy, y concedo licencia, para que se pueda imprimir, imprima un Sermon de Desagravios de la Sagradas Imagenes de Jesu-Christo Crucificado, predicado por el M. R. P. Fr. Fernando Zevallos, Monge Geronymo, y Prior de su Monasterio de San Isidro del Campo, extra-muros de esta Ciudad, la muy Venerable Esclavitud de Jesu-Christo, que con el ttulo de las Injurias se reverencia en su Capilla Mayor de la Iglesia de San Milln de Madrid, sobre que en virtud de Comission nuestra ha dado su Censura el M. R. P. Fr. Gabriel Baca, Comendador del Convento Casa Grande de nuestra Seora de la Merced de esta Ciudad; atento no contener cosa alguna contra nuestra Santa F, y buenas costumbres, con tal que el principio de cada Exemplar se inserte esta nuestra Licencia. Dada en Sevilla dia veinte y tres de Febrero de mil setecientos setenta y un aos.

 

            Lic. D. Joseph de Aguilar y Cueto.

 

 

                                                                                              Por mandado del Sr. Provisor,

 

                                                                                                          Francisco de Paula

                                                                                                          Barbero y Valenzuela

  

            DON JOSEPH MARTINEZ DE PONS, del Consejo de S. M. Regente de la Real Audiencia de esta Ciudad, Subdelegado del Real, y Supremo Consejo de Castilla, para el conocimiento de los Negocios respectivos las Imprentas, y Libreras de esta Ciudad, y su Partido.

            Doy licencia, para que se imprima la Oracin Panegyrica, intitulada: Desagravios de las Imagenes de Jesu-Christo Crucificado, predicada por el M. R. P. Fr. Fernando Zevallos, Monge Geronymo, y Prior de su Monasterio de San Isidro del Campo, la Venerable Esclavitud de Jesu-Christo, que con el Titulo de las Injurias se venera en su Capilla Mayor de la Iglesia de San Milln de Madrid, el dia ocho de Julio del ao proximo passado; atentto constar por Censura, que de mi comission ha dado el M. R. P. Rr. Francisco Pomar, del Orden de Predicadores, Regente de su Colegio de Santo Thoms de esta dicha Ciudad, y Examinador Synodal de ella, y su Arzobispado, no contener cosa alguna contra las buenas costumbres, y Pragmaticas de S. M., cuya impression se executar poniendole al principio de cada Exemplar esta mi Licencia. Fecha en Sevilla diez y seis de Febrero del ao de mil Setecientos Setenta y uno.

 D. Joseph Martinez de Pons.

                                                                                               Por mandado de su Seora.

                                                                                                          Juan Tortolero.

 

 

NUNC JUDICIUM EST MUNDI: nunc Princeps bujus mundi ejicietur fors: et ego si exaltatus fuero terra, omnia trabam ad me ipsum.

            Ahora es el Juicio, que decide la suerte del Mundo: ahora ser lanzado fuera el Principe, que lo possea: Y si yo fuere exaltado en la Cruz, atraher para m todas las cosas. En el Evangelio del dia. (1)

 

(1) Joan, cap. XII

 

            Este es uno de los ultimos discursos, que hizo Jesu-Christo los Judos: y segn la observacion, que dirigia el Apostol los Romanos (2), no contiene este Coloquio, sino un Sermon de emulacion, y de zelo. Notadlo bien conmigo:

            Y el Redentor habia entrado en Jerusalem (3), para que se cumpliessen en su Persona todas las injurias, que estaban predichas por los Profetas, para el hijo del hombre. Iba y corriendo la Semana grande (4), en cuya mediacion, segn la profeca (5), deba quitarse aquel Pueblo la Hostia, y el Sacrificio; en que sera trasladado otra gente el Sacerdocio, y (6) por consiguiente la Legislacion, y el Reyno (7); en que los Mysterios, el Arca, y la Alianza (8) transmigraran otro Pueblo, que hara mejor las obras de Justicia; y en la que el Templo quedara como una Casa desierta (9), allanada, y expuesta una devastacion belica.

            En una circunstancia tan urgente de tiempo, les presenta Jesu-Chisto en este Evangelio la tragedia de su muerte de Cruz, y la Exaltacion, que en desagravio, iba recibir de otro Pueblo universal, Catholico, que antes no era su Pueblo(10). Para esto les hace vr, que es y llegado el Jucio del Mundo: aunque no un Jucio de condenacion, y ruina; sino un Jucio de discrecion para la vocacion, y salud de unos, y para escandalo y reprobacion de otros.

            Entendermos esto por una idea, que nos d Ezequil (11), all donde dice, que vi al Seor en medio de su Trono como una especie de Electro. La naturaleza del Electro, que assi como el imn atrahe por una parte, y repele por otra, es la idea, que de s mismo nos d Jesu-Christo en la Cruz, arrojando por una parte al Principe de este Mundo, y su Partido, como piedra de escandalo; y atrayendo por otra como un imn, todas las cosas, para congregar su grande Iglesia.

            Pero habeis considerado un particular designio, con que ha sido congregada esta Iglesia? Pues este ha sido por un despique, desagravio, que el Seor quiso tomarle de la repulsa, injurias, que recibi de la Sinagoga. Porque en el orden de los Decretos eternos, la mudanza de operarios para la Via (12), de Colonos para la Heredad, de Administradores para la possession, de Siervos (13) para el manejo de los talentos (14); en una palabra, la nueva vocacion de un Pueblo, ha sido como la consolacion, que el Seor se ha tomado para el desagravio de los pecados, y malos servicios de otro. Esto ha querido hacer entender San Pablo los Romanos, diciendoles, que el delito de los Judos influy en la vocacion de las gentes, para que emulacion de lo que aquellos desagradaron, agrademos nosotros al Seor. Illorum delicto salus est gentibus, ut illos emulemur (15).

            Y de qu raiz de pecado naci este delito, y eterno escandalo de los Judos? En qu ofendieron, y se ofendieron los Israelitas (16), de quienes era la adopcion de hijos, la gloria, el testamento, la legislacion, el obsequio, y las promessas? O qunto nos conviene entender esto, Seores! El delito, y ruina de los Judos, ha nacido ciertamente del horror, y menosprecio, con que han sentido de Jesu-Chisto, al verle en la forma, y humildes seales de Crucificado. A la vista de estas tristes imagenes, se ha revelado, y ofuscado un Pueblo, que se proyectaba un Mesas, que habia de restituir el Reyno de Israel, por unas seales, imagenes, que hara volar delante de s, mas brillantes, que las de los Cesares (17).

 

(2) Joan Cap. IX                                                      

(3) Luc. XVIII                                                          

(4) Daniel IV                                                               

(5)  Math. XXIV                                                        

(6)  Cap. Translato de Constitut.                 

(7)  Math. XXI                                     

( 8) I. Pet. I.  

( 9) Math. XXIII

(10) Osee II

(11) Ezech. I.

(12) Math. XXI    

(13) Luc. XVI                      

(14) Math. XXV

(15) Rom. XI v.II

(16) Rom. IX v.4

(17) Act. I. 6.

 

            Por esto aade nuestro Evangelio, que pronunci Isaas (18) aquello, que dixo: Obceca, Seor, este Pueblo, y agrava sus ojos. Lo que habl Isaas (adelanta el mismo Evangelio) porque miraba la Gloria de Dios, y lo dixo por ella. Esto es, aade un Interprete: (19) Porque vea en especie humana la Imagen, Efigie del hijo de Dios en su gloria, que se llama su Cruz. Los Judos apetecian otras seales mas conformes sus ideas, que las de la Cruz (20). Pero no agrad al Seor darles otras, que las de Jonas Profeta (21), la de la Serpiente exaltada en el Desierto, por hablar menos en figuras, la Imagen, y seal de Jesu-Christo, y esse Crucificado. Esto los enoja, esta imagen de humildad los ciega, esta pobreza los ofende, este aspecto de penitencia los amotina, y caen sobre la piedra Christo con tantos improperios, injurias. (22)

            Os he sacado, Seores, del fondo de el Evangelio, la raiz de las injurias, que hizo la Sinagoga Jesu-Christo Crucificado; no solo para que consideris la ocasin, y el designio de emulacion, y desagravios, con que fu llamada la Iglesia Catholica; sino tambien para acordaros el delito de los Judos de una pequea Sinagoga, que di causa vuestra Congregacin de Desagravios, esta vuestra Iglesia domestica. Merece ser referido el hecho.

            En la calle de las Infantas de esta Corte se colig una Sinagoga de quince Judaizantes cerca de los aos de mi seiscientos y treinta. Su instituto, instinto, era juntarse varios dias de la semana, para maquinar contra el Seor, y contra su Christo (23). Azotaban su Imagen Crucificada en todas maneras. Arrastrabanla, tirando todos de ella en forma de una procession irrisoria. Le acozeaban: le colgaban pies arriba en una Chimena, para denegrir sobre los carbones la Imagen de aquel, que es Verbo (24), figura expressa de la Substancia del Padre, Imagen de su claridad.

            En medio de estas injurias (25) se dign la benignidad, y humanidad de nuestro Salvador de hablarles tres veces por boca de la misma Imagen. Y qu les hablaba, hermanos? Aquellas palabras de paz, y no de afliccion, con que en los dias antiguos reconvenia su Pueblo (26). Qu mal os hize yo, en qu os fu molesto? Respondedme (27).

            Y qu le respondian esta palabra, que es como un fuego dissolviente, como un martillo, que rompe las piedras (28)? Le respondieron, como sus Padres; le repondieron males por bienes (29). Instaron en azotarle mas, y en Crucifixo, que ya les habia hablado por su boca, les habl otra vez con sangre por sus llagas. Corri esta sangre hasta por la tierra: salpic las manos, y vestiduras de los Impos; y cay otra vez sobre sus cabezas, y las de sus hijos (30). Sorprendidos entonces por un vehemente furor, y pasmo, entran en Concilio, para perder esta Imagen, que hace muchas seales, y puede atraher todas las cosas su culto, como hoy dice nuestro Evangelio (31). Resuelven, que se queme. Mas aqu resplandece otra nueva seal; porque el fuego no quema, sino dora, y adora la Sagrada Imagen.

 

(18) Isaias VI                                                                                   

(19) Cornel. in Joan hic.                                                

(20) Math. XII                                                                                    

(21) Joan III                                                                                      

(22) Lucas XX v. 18.                                                                       

(23) Psalm. 2 v. 2.                                                                           

(24) Heb. I. 3.                                                                                   

(25) Ad. tit. III

(26) Mich. VI. 3.

(27) Jerem. II. 4.

(28) Jerem. XXIII. v. 9.

(29) Psalm. CVIII

(30) Math. XXVII

(31) Joan XI. v. 47.

 

            Pues qu hacemos ? Consulta otra vez este Conciliabulo, Cabala de Impos, Brrese, y rspese de este Simulacro quanto tiene de Imagen de Chirsto, (dice una mugercilla, que entraba tambien al Coloquio) y entonces el fuego consumir al leo. Agrad todo el Concilio, Raen, y desfiguran los miembros, y trazos, que formaban la Imagen; y assi destruyeron en el fuego, y con la hacha aquella Efigie, que debera durar para monumento de la Divinidad de Christo, y Santuario de su Nombre.

            Un pequeuelo, Vivorrezno, hijo de aquella generacion de Vivoras (32), refiri el primero esta tragedia su Maestro, (33) que le hacia cargo de su tardanza en haber venido la Escuela. El delito de los Judos lo veng el fuego el ao mil seiscientos treinta y dos; pero las injurias de Christo Crucificado las desagravia emulacion esta Real Cofrada desde los aos mil seiscientos treinta y cinco.

            Esta historia nos lleva entender, que el delito de estos pocos Judos vino ser en salud, y principio de esta Congregacion, como el delito, y repulsa de la Sinagoga concurri para la salud, y vocacion de la Iglesia. Pero por uno, y otro delito, por unas, y otras injurias, no habemos sido llamados un Cuerpo de Iglesia, de Hermandad, sino para que desagraviemos emulacion al Seor: Ut illos (Judeos) emulemur.

            Para desquite de los ultrages, que padeci Jesu-Christo, quando por irrision se arrodillaban delante de l, atrajo todas las criaturas, para que delante de su Cruz doblassen sus rodillas con una adoracion de Latra. Lo que not el Apostol, donde dixo: Porque se humill hasta la muerte, y muerte de Cruz, por tanto ( para su desagravio) lo exalt Dios, y le di, un Nombre sobre todo nombre, para que todas las criaturas se arrodillen delante de este Nombre, y toda lengua confiesse, que este Seor Jesu-Christo est en la misma gloria de su Padre. De este testimonio somos enseados, (habla (34) el Angelico Maestro Santo Thoms) que la naturaleza humana debe ser especialmente honrrada en Jesu-Christo, por desagravio de la deshonrra, que sufri en la Cruz. Y por tanto ha instituido la Iglesia la adoracion de la Cruz; donde Christo injuriado, es, quien se ordena el Culto. Pero la ignominia de la Cruz es la causa de esta adoracion.

            Otros Padres de la Iglesia han considerado el mismo designio en este Augusto Sacramento de la Cena. San Francisco de Sales fue bien persuadido, que la suntuosidad, con que siempre es expuesto esse Augusto Sacramento en las Iglesias, es formalmente un desagravio de los oprobrios, ilusiones, que puso sobre essa misma Carne la Sinagoga. Y el Cardenal de Perron aade, que las Processiones solemnes, en que llevan los Pueblos Jesu-Christo Sacramentado, son como un pblico triunfo, que le ha decretado la piedad, y la Religion en desquite de aquel ultrage, con que la impiedad de los Judos lo llev por las calles de Jerusalem.

            Por semejantes medios desagraviais vosotros, Seores, las injurias de Jesu-Christo, y exponiendo hoy para la adoracion, indulgencia de todos, esse admirable Sacramento; y reparando, y rindiendo un Culto tan magnifico essa Imagen del Crucificado.

 

(32) Math. III. 7.

(33) Luc. III, 7.

(34) Ex quo ( loco Apost. ) docemur, qud specialitr est honoranda humana natura en Christo prpter inhonorationem, quam in Cruce sustinuit. Et propter ex institutione Ecclesie fit adoratio Crucis, in qua is, cui exhibetur honor, est Christus passus: ignominia ver Crucis est causaillius adorationis. Op. de err. Pr. lib. 3. cap. 5.

 

            Pero aun quiere mas la emulacion, que nos inspira el Apostol, y el Evangelio de la presente Dominica (35). Pide este, que abunde nuestra Justicia sobre la que ostentaban los Escribas, y Pharifeos. La Justicia de estos, segn Santo Thoms, solo se ocupaba en lo exterior, en lo sensible de las figuras; pero les merecia poca reverencia la interior Imagen, y semejanza de Dios, que est en el hombre.

            Para esto nos es oportuno advertir, que unas cosas solo llevan la Imagen exterior del Seor; otras llevan su Divina semejanza; y otras su Imagen, y semejanza. Su Imagen exterior; esto hace sus Efigies: su semejanza interior; este es el carcter de los justos: su Imagen, y semejanza; esto es todo el hombre.

            En todas estas cosas era, y es injuriado el Seor por los Judos, por el Mundo, y por los Impos. No honrran sus Imagenes en los Simulacros por un pretexto hipocrita de idolatra. Deshonrra la semejanza de Dios de sus Almas por su interior immundicia. Ni respetan la Imagen, y semejanza Divina en sus proximos, porque les ponen escandalo, y los persiguen con odio. De todas estas injurias juzga hoy Jesu-Christo al Mundo por su Cruz, para ser clarificado, y desagraviado en el Mundo: Nunc Judicium est Mundi.

            Por este Juicio convence los que aborrecen sus Sagradas Imagenes, y es desagraviado por todas las Criaturas, que vienen postrarse delante de essa Divina Efigie. Por el mismo Jucio es condenado el Principe de este Mundo, que pretende fellar en nosotros (36) la semejanza de la Bestia, y el Seor es desagraviado por los que aman la Semejanza Christiana. Tambien por este Jucio es desagraviado con el amor, y buen exemplo, que damos nuestros proximos, de los que injurian la Imagen, y semejanza Divina en sus hermanos: Qui irascitur fratri suo, reus erit Judicio.

            Todos estos desagravios comprehende mi assunto, segn el Jucio, y Doctrina de los Evangelios. Pero toda esta grave materia os la dar digerida en tres palabras, que la dividen, y nos llevan al orden.

            Jucio, y desagravio de las Sagradas Efigies de Jesu-Christo Crucificado; contra los Impos. Primera Parte.

            Jucio, y desagravio de la semejanza, imitacion Christiana; contra los Mundanos. Segunda Parte

            Jucio, y desagravio de la Imagen, y semejanza de Jesu-Christo en nuestros proximos; contra los Inhumanos. Tercera Parte.

            O, Eterno, y Celestial Padre! Clarifica ahora vuestro Hijo Crucificado, como lo clarificaste, al predicar l mismo este Evangelio. Si entonces hiciste oir del Cielo una voz de trueno en credito de la palabra, que predicaba, d ahora la voz de virtud prometida los que evangelizan en gracia de los que me escuchan. Otra vez ser hoy clarificado vuestro Hijo en la Corte mas poderosa del Mundo, si yo tuviere la gracia de predicarle, y hacerle mudar su gloria en la semejanza de esse Crucificado. Pidamos este Don al Espiritu Santo por medio de la Virgen Madre, que mas desea los desagravios de su injuriado Hijo.

 

 

AVE   MARIA

 

(35) Dominic. V. post Pent.                                                         

(36) Apoc. XV.

 

Parte Primera.

 

            La Santa Iglesia no sufre, que confundamos la Supersticion con la Religion, la piedad con la impiedad, la Imagen con el Idolo. (S.S.S.) El Idolo es nada, dice San Pablo (37), significa nada: pero la Imagen representa una cosa cierta.

            El Idolo, segn la fuerza de la voz Griega, es una forma vana; segn Eustatio (38), es un Espectro, una sombra: segn otro Maestro de las voces, es un Fantasma (39).

            Theodoro Studita, doctissimo entre los Griegos, daba en cara al Emperador Leon Isaurico, Protector de los Iconomacos, porque confunda estos Idiomas, y equivocaba estas voces, Y con, Y dolo (40), para insultar los Orthodoxos. Y la septima Synodo general declar Anathema al que profanasse las Imagenes Sagradas con este nombre de Idolos, tan de mal agero en el estlo de las Escripturas, y en el sentimiento de los Christianos. Purgado assi nuestro culto aun de la profanacion de las voces, comienza verse la Santidad, y necessidad del uso de las Imagenes.

            Jams alguno pudo passar sin ellas. El mismo Dios, para conocerle en el principio s mismo Dios, para conocerse en el principio s mismo, huvo necessidad de concebir, y formar su Imagen: y assi procedi el Hijo precisamente en razon de semejante su naturaleza.

            Quando hizo el tiempo, y quiso comunicarse fuera, cri por esta Imagen, verbo (41) todas las cosas. En los Espiritus, Angeles marc (como habla Ezequil) (42) el Sello de su semejanza; y esta misma Imagen, y semejanza (43) form despues al hombre.

            Cmo habia de comunicarle despues ste hombre con Dios, ni con los Angeles, ni con los otros hombres, sino con el idioma, y moneda corriente de estas Imagenes? Sin necessidad de opiniones humanas, tenemos Retratos bien circunstanciados, que el Seor nos ha dado de s mismo en las Escripturas.

            En el Paraso (44) se nos introduce desde el principio como un Personage (45), que se passea, y habla entre los lugares condensos. Jacob lo observa (46) en forma visible sobre la Escala: y en otra ocasin lo abraza, y estrecha en la lucha. Moyss lo alcanza otra vez vr (47) por las espaldas. Daniel nos hace el disseo (48) de sus cavellos, y de sus vestidos. Isaas (49) lo v sobre un Trono elevado. Ams (50) sobre el Altar. Micheas (51) lo pinta sentado en su Solio: Y San Juan (52) nos d un quadro acabado de su rostro, de su talle, y de sus principales miembros.

 

(37) I. ad Corint. cap. VIII                                                     

(38) In XI. Odiss.                                                              

(39) Virg: Tenues fine corpore vitae, etc.  Cava sub imagine forma.                  

(40) Quisnam est qui te docuit imaginis at que Idol unam esse vocem? Michael in gest. Theod. Studit.                

(41) Joan I.                                                                        

(42) Ezec. XXVIII. v. 12.                                  

(43) Gen. I. v. 26.

(44) Gen. III  

(45) Gen. XXVIII

(46)  Ibid. XXXII

(47)  Exod. XXXIII

(48)  Dan. VII

(49)  Isai. I

(50)  Amos IX. I.

(51)  Mich. I. 2.

(52) Apoc. IV. & alibi.

 

            Ved aqu un Dios infinitamente remoto de nuestras ideas sensibles; un Dios, de quien dice Isaas (53), que no se puede poner la vista Imagen propria; un Dios incorporeo, invisible (habla el Papa Nicols I) (54) toma la forma de una Criatura visible, para comunicarse los mortales, y hacerse mas util los creyentes. A exemplo del Rey, no es mucho, que se hayan inclinado los Cielos, y hchose los Espiritus Angeles.

            En efecto, Tobias (55) es embiado uno de los primeros, y el Angel del Seor iba delante del Joven Hebro en toda la forma de un viagero, Abraham, y Lot (56) hospedan los Santos Angeles como unos peregrinos. A Jacob (57) le comboyan contra las sorpressas de su hermano. Isaas (58) los v con alas. Daniel (59) con una estola candida. Y Manu los observa (60) elevarse sobre la llama del sacrificio. Sobre estos documentos, y exemplos, declar la septima Synodo Ecumenica contra los Iconoclastas, que vacaba de error, y era conveniente pintar, y conservar las Imagenes y recibidas de los Santos Angeles (61).

            Qu dirmos de los hombres? Por medio de las Imagenes, y formas se conservaban mejor las tradiciones entre las primeras familias: y una Escritura abreviada en geroglficos, y figuras, instrua los hombres en la doctrina de los tiempos, en la ciencia del Cielo, en la historia de lo passado, y en los conocimientos de las Artes mas utiles.

            Despues comenzaron servir la ambicion de los hombres, y eran el premio de las grandes acciones. Los Emperadores, como Alexandro(62), Pompeyo, y Antonio; los Capitanes, como Conon, Cabrias, y Thimoteo; los Athletas, como Astilo, Archias, y Polidamas; los Philosophos, como Platon, Junio Rustico, y Faborino; los Poetas, los Historiadores, los Oradores, los que habian libertado la Patria, dilatado la gloria de la Ciudad; todos creyeron perpetuar en sus Imagenes la sombra fugitiva de un grande nombre. Y ser durables, fueran y mas las Estatuas, que los Pobladores de la Republica.

            Si assi se han decretado Imagenes los Heroes, y sus falsas virtudes; por qu no debern servir en la Santa Iglesia, para hacer honor la memoria de los Justos, y dr al mundo en su Philosopha provechosos modelos? La Iglesia lo tuvo siempre creido assi, y lo mismo ensea (63), y practca desde el principio. No consintiendo, que erremos, como los Gentiles, que fingian no s qu Divinidad en sus Idolos; ni que pidamos nosotros estas Imagenes alguna gracias; ni que fixemos en ellas nuestra confianza; ni que ordenemos ellas nuestros votos, y sacrificios; sino teniendonos bien instruidos, de que el honor, y culto, que dedicamos en las Imagenes, lo ordenemos Jesu-Christo, los Santos, que representa.

 

(53) Psalm. XL.                                                                

(54) Nicol. I. Epist. II. Ecce incorporeus Deus, et invisibilis per speciem subjetae creature, ita se mortalium voluit videte obtulibus, ut credentibus esset ad gratiam.     

(55) Tob. V.                                                       

(56) Gen. XVIII. & XIX.                                     

(57) Gen. XXII.                                                  

(58) Isai. VI.                                                       

(59) Dan. X.                                                       

(60) Judic. XIII.                                                  

(61) Synod. gener. VII. act. 5.& 7.                                                                                          

(62) Dion. Nicaes. Plin. lib. 33. cap. 12. Capitolinus.Plutarc. Prob. in ejus vit. Plutarc. in Thim. Caelio lib.7cap.56. Capitolin, Philostrat.

(63) La segunda Sidono Nicena. Y la Tridentina, Sess. XXv in decret. de invocat. & de Sacr. Imaginibus. Imagines porr Christi, Deiparae Virginis, et aliorum Sanctorum in templis praesertim habendas, et retinendas, eisque debitum honorem, et venerationem impetiendam: non qud credatur, inesse aliqua in ijs divinitas, vel virtus, propter quam fint colendae, vel qud ab eis fit aliquid petendum, vel qud fiducia in Imaginibus fit figenda, veluti olim fiebat   Gentibus fed quoniam honos, qui eis exhibetur refertur ad prototypa, quae illae representant, etc

 

 

            Este es el sentido Catholico, en que la Iglesia desde su establecimiento, hasta ahora, retiene el uso de las Santas Imagenes, y no s, con qu verdad, ni justicia, puedan los nuevos Iconomacos (64) llamar sta una noveddad introducida en la Iglesia con el sexto Siglo; porque adems de las Imagenes de Jesu-Christo, y su Madre, y de San Pedro, y San Pablo, que nos dexaron pintadas de su mano (65) el Evangelista San Lucas, y Nicodemo; y la Efigie de Christo, que en Cesara dex entallada en bronce la muger, quien san el Salvador del fluxo de sangre, y duraba hasta los tiempos de Juliano (66); nos ofrecen los cinco primeros Siglos mas exemplos de celebres Imagenes, que, al parecer, pudieran permitir os movimientos de las persecuciones.

            La Synodo Antiochena, congregada en tiempo de los mismos Apostoles, aprob (67) este uso, que tenian y los primeros Christianos. En la septima Synodo (68) general se hace memoria de la antiquissima Imagen de Jesu-Christo injuriada por los Judos de Berito.

            Tertuliano, en el segundo Siglo, se acuerda (69) de la costumbre de pintar Christo en los Calices en avito de Pastor con una Oveja sobre sus ombros. Lampridio refiere (70) las Imagenes de Christo, y de Abraham, que tena entre sus Lares Alexandro Severo. Eusebio es buen testigo (71) de las antiguas Imagenes de los Apostoles, que se adoraban en su tiempo. San Ambrosio dice, (72) que guardaba, como un rico tesoro, la verdadera Efigie del Apostol San Pablo. San Chrysostomo (73) refiere, qun clebres eran en su tiempo las Imagenes de San Melesio. Y en la Liturgia del mismo Chrysostomo, que traduxo Erasmo, se expressan varios milagros de una Imagen de Christo. Las Imagenes de San Simon Stilita eran muy frequentes antes, y en los mismos tiempos de Theodoreto (74). Las de San Barlaan en los de San Basilio (75): las de los Patriarchas, y Profetas se tenian con reverencia en los dias de S. Augustin (76); y en el libro contra Fausto (77) hace frequentes las Imagenes de Abraham immolando al hijo. San Damaso Papa (78) pondera las grandes porciones de plata, que fundi Constantino en las Imagenes del Salvador, de los doce Apostoles, de San Juan Baptista, y de los Angeles, que coloc en su Basilica de Roma; y lo mismo hizo, segn Eusebio (79), para los Templos, que dedic en Palestina.

            Todos estos exemplos son de los primeros Siglos; y aun de los Padres, y Escritores, que se citan; con otros Papas antiguos, que se citan; con otros Papas antiguos, que alega Adriano Primero, escribiendo al Emperador Carlos Calvo (80), los mas de ellos ni aun conocian estos Siglos medios, en que los Hereges pretendidos Evangelicos, quieren, comenzasse en la Iglesia el uso de las Imagenes.

 

 

(64) Calvin instit. lib. I. cap. XI.                                                      

(65) Nicephor. Calist. lib. II. cap. XLIII                                         

(66) Idem lib. X. cap. XXX                                                              

(67) Sinod. Antiochen. Can. VIII                                   

(68) Act. IV                                                                                          

(69) Tertulian. de Pudicitia, cap. X. Patrocinabatur forte Pastro, quem in Calice depingis; at ego ejus Pastoris scripturam haurio, qui non potest frangi. Y en el Apolog. cap. XVI. rechaza agriamente los rumores,y hablillas que contra el uso de nuestro Culto fingan los Paganos; y a Cornel. tacit. llama por esto loquacissimo de patraas.

(70) Lampr. in Alexand. Sever. 

(71) Euseb. lib. VII hist. cap. XIV

(72) Ambros.

(73) Chrisot. Oratio in Meles.    

(74) Theodor. histor. lib. II.

(75) Basil. orat. in S. Barlaam.

(76) Aug. cont. Faust. lib. XXII. cap. LXXIII.

(77) Aug. cont. Faust. lib. XXII. cap. LXXIII.

(78) Ex Pontifical, Damas. Pap.

(79) Euseb. de vit. Constant. lib.III. cap. IV.

(80) Adrian. I. Epist. ad Carol. Calv.   

 

            Pero aunque faltran estos exemplos, y testigos antiguos, bastara pesar de esso, aade el citado Adriano Primero, los exemplos, y testimonios de las Escripturas. Para lo que alega oportunamente este Evangelio de hoy, aqu, y en el capitulo tercero de San Juan, relativos la Serpiente de metal mandada erigir (81) en el Desierto, como una Imagen de Jesu-Christo Crucificado (82).

            Esto, no solo hace ver la falta de informe, y de f, con que pronuncian los Hereges contra las costumbres de la Iglesia, sino los trahe tambien un juicio, donde por el Crucificado es hecha patente, y condenada la raiz de pecado, que produce en ellos el descontento, y menosprecio para con las Santas Imagenes.

            Aora, pues, son juzgados, y convencidos, de que su embarazo no procede de usar de las Imagenes, como Imagenes, sino solamente de que son Imagenes de Jesu-Christo Crucificado, y de unos Santos, que se crucificaron con Jesu-Christo. A ser unas Imagenes mas agradables los sentidos, mas semejantes las extravagancias mundanas, conformes las passiones mas vivas, no sufriran ciertamente, ni el odio de los Impos, ni el desuso, y  abuso de muchos Christianos poco piadosos.

            Por que es constante, que los Judos, que es una de las classes, que comprehendo entre los Impos, fueron siempre muy llevados al culto, y uso de todos los Simulacros. Adems de las Imagenes de los Cherubines, que les orden (83) Dios poner sobre el Arca, y quienes daban (84) un culto religioso (85); y de los otros Cherubines de madera de Oliva, que puso Salomon en el Templo, con las Imagenes de los Bueyes, Leones, y otros animales, se abandonaron con cierta manera de Luxuria la abominacion de todos los Simulacros, que adoraban las ciegas Naciones. En todos los Valles consagraban bosquesillos, y en todas las eminencias levantaron Aras, para postrarse los Idolos. Hicieron Imagenes de sus mismas abominaciones (86), dice Ezequil. Y no ser por las invectivas, que dirigian los Profetas contra esta passion dominante, no huvieran querido los libros Santos hacer lugar los nefandos nombres de Adonis (87), ni de Baco (88), Libero; ni de Baalphegor, (89) Priapo; ni de Canopo (90) el Idolo de los Egypcios; ni de Chamos (91) el de los Amorreor; ni de Astarot (93), que era la Oveja de los Sidonios; ni de Diana (94), que el Libro de los Machabeos llama Nanea; ni de Jupiter (95), ni de la Fortuna (96); ni del Sol, la Luna (97), y toda la Milicia del Cielo.

            Pues de dnde puede nacer el horror las Imagenes Sagradas en un Pueblo, que multiplicaba los Altares, para pecar, que am perdidamente los Simulacros de todas las Naciones, y erigi Imagenes con mas de mil nombres todos los animales, que vuelan, andan, y arrastran sobre la tierra? De dnde Acab, el mas supersticioso de los hombres (98), se muestra tan molesto, y escrupuloso de tentar Dios, en pedirle seales? Precisamente, de que no queria ver las de una Virgen, que habia de concebir, y parir, y las del pesebre, paos, y Cruz del Hijo, que habia de nacer.

 

(81) Id. lib. Num. cap. XXI                                                             

(82) S. August. Serm. CI                                               

(83) Exod. XXV.                                                               

(84) D. Hieronym. Ep. ad Marcel.                                             

(85) III. Reg. VI                                                                                 

(86) Cap. IV                                                                                      

(87) Ezech.                                                                                           

(88) I. Mach. VI.                                                                  

(89) Num. XXV.                                                                                

(90) Num. XXI.

(91) Num. XXI.

(92) ------------

(93) I. Reg. XI.

(94) II. cap. I.

(95) Isai. LXV.

(96) Ibid.

(97) Ibid.

(98) Isai. cap.

 

            A estas seales, Imagenes, contradicen solamente los que ponen su gloria en las Imagenes Gentilicas (99), y vanas: en las seales de una ambicion heredada: en las seales de alegria (100), que no reprehenden los excessos, antes dn canonizadas las acciones mas torpes: en las Imagenes, que representan, y provocan la embriaguez, la desnudez, los amores furtivos, los robos, los mismos adulterios.

            Para todos estos es puesto Jesu-Christo, segn la profeca de Simeon (101), para ruina, escandalo, y seal quien se contradecir. Pero pesar de esta contradiccion, Dios no ha querido congregar, y salvar sus escogidos, sino en estas Imagenes de Jesu-Christo, y esse Crucificado (102). Ved aqu la seal, que est dada para vosotros, habla el Angel los Pastores, un Infante puesto en la humildad de un Pesebre, y embuelto en unos paetes pobres: Hoc vobis signum.

            Consideradlo bien: estas Imagenes no son para todos, sino para vosotros. No son para los Judos, que piden seales mas brillantes (103), y magnificas, por lo que los arroja el Seor, y les protexta, que no les dar otras seales, que la de Jonas Profeta, la de la Serpiente puesta en un palo; esto es, las seales de Christo Crucificado, muerto, y sepultado.

            Tampoco son para los que imitan la vana curiosidad de los Griegos (104), y vuelan trs de las novedades de Systemas, y vanas doctrinas, que tienen especie de ciencia; ni para los que viven tenazmente asidos sus passiones de ignominia. Por esto se lea escrito en los Psalmos (105): Que se turbaran las gentes, y los que habitaban los fines de la tierra vista de estas seales. Son unicamente seales de salud, para vosotros, Pastores, y humildes de espiritu; no para los Judos, que piden prestigios, habla San Pablo (106), ni para los vanos Philosophos, que buscan ciencia; sino predicamos Christo Crucificado, escandalo para la Sinagoga, y para el Mundo Imagen de locura; mas para nosotros los electos, virtud de Dios, sabidura de Dios.

            Este jucio, que condena los Judos, convence tambien todos los otros Impos. Entre ellos ha tenido su mayor ascendiente la supersticion de los Simulacros, y la sangre humana mezclada con la de otras Victimas, ha hecho el costo de sus diabolicos sacrificios. Y visteis, que no solo los Heroes, Principes, Capitanes, Oradores, y Personages ilustres, concedieron Estatuas, Imagenes, sino tambien las mismas Rameras, como Phrynes (107), amiga de Praxiteles: Leena (108), amiga de Armodio: Lais (109), Larentina (110); y al nefando Antinovo (111), amado de Adriano.

            El disgusto, pues de los Impos, no es con las Imagenes, que hacen divinas las passiones, y flaquezas humanas, sino solamente con las Imagenes de un hombre Dios Crucificado, para crucificar al Mundo. De aqu su odio; de aqu este furor, con que los nuevos, y antiguos Iconomacos han maltratado tantas veces las Santas Imagenes. No es unico en su especie el caso, que ha motivado estos desagravios.

 

(99)    Luc. II.                                                      

(100)  Sap. II.                                                    

(101)  Luc. II. v. 34.                                           

(102)  Luc. II. v. 12.                                           

(103)  Luc. XI. v. 16.                                         

(104)  I. Cor. I. v. 22. 

(105) Psalm. LXIV. v. 9.

(106) I. Cor. I.

(107) Quintilian.lib.II.Plutarc.lib.fortit.Alexand.

(108) Plutarc. de garrulit.

(109) Tertul. Apolog. cap. XIII.

(110) Tertul.ibid. y llama a Larentina Ramerilla Rustica.

(111) Prudent. lib. I. in Simm. Qui loquar Antinovum caelesti  fede locatum::: purpureo in gremio spoliatum forte virili.          

 

            El que arrib en Berito de Siria en los primeros Siglos, y las injurias, que all hicieron los Judos la Imagen de Jesu-Christo, fueron tan publicas, que muchas Iglesias le dedicaron dia Anniversario, para sus desagravios (112). Tambien se lea publicamente en la Iglesia antes del ao de quinientos, la sangrienta passion de otra Imagen de Jesu-Christo, que herida por un Impo, derram tanta sangre, que ti los vestidos del agressor, y el agua de un pozo, que estaba en el Templo de Santa Sophia, donde fu arrojada (113). De otro portento semejante habla San Gregorio de Turs, sucedido el ao de quinientos sesenta. Se sabe la baxa crueldad de Juan, indigno Patriarca de Constantinopla, que sac los ojos las Imagenes de Christo, y su Madre, por lo que estuvo mandado (114) el que le sacassen los suyos. Roma fu sacudida desde sus fundamentos el ao mil doscientos diez y siete por semejante sacrilegio, que cometieron unos Judaizantes (115) en el dia de Parasceve. Estos, y otros semejantes hechos, son los mismos conatos, que escriba David con las proprias palabras de los Impos en el Psalmo (116) que dice: Y no vemos nuestras seales, Imagenes; y no hay Profeta; por tanto no nos ver, ni reprehender mas.

            Patente todos el obscuro principio, donde se forjan estas injurias contra las Sagradas Imagenes, y halladas en un odio gratuito las fuentes de este abysmo grande de impiedad, os est facilmente conocida la causa, y manera de su desagravio. El amor ha sido el mas habil estatuario. De su oficina salen mas retratos, que puede romper el odio, perder el olvido; porque solo en sus Imagenes pueden los que se aman hallar un consuelo la ausencia, que los separa. Essa Imagen, que dos veces devor el odio, y el fuego, y otras dos veces repar vuestro zelo, es un doble testimonio del amor, en que ardeis por el Crucificado. Pero este zelo, que assi replandece contra los ultrages, que hizo el odio la Imagen de Jesu-Christo, debe tambien resplandecer contra el desuso, y abuso, que hace de las Sagradas Imagenes la tibieza, inconsideracion de muchos Christianos.

            El mal de los Hereges cunde siempre como cancer (117): y gana por lo comun sobre unos espiritus dbiles, que en vez de horror, miran con amor sus usos, y costumbres. Los primeros Christianos solo por no convenir en cosa con los Hereges, renunciaban  hasta las maneras de vivir mas indiferentes, aunque por un antiguo uso (118) las hubiessen recibido de sus mayores. (119) Esta doctrina la hubieron del Apostol: (120) esta prudencia les dexaban como por testamento sus Padres: y era una santa cautela (121), que impeda los progressos de el contagio sobre las partes sanas del Rebao de Christo. No nos olvidemos de esta prudencia, Seores. Tengamonos esta naris, que (122) es como una Torre, Atalaya del Libano, que mira siempre contra Damasco; un olfato, y sentido de discrecion, que presiente el olor de muerte, antes que arribe, y cause una llaga insanable. No nos empeemos por nuestro proprio arbitrio en costumbres peregrinas; y hblo de esta moda, que destierra de nuestras habitaciones el uso de las pinturas devotas.

 

(112) Baron. in notis ad Martyrolog. IX. Novemb. 

(113) Idem ibid. ex tom. 6, ann. an. CCCXLVI.                       

(114) Zonar. tom. III annal.                                                           

(115) Baron. tom. XI. ann. 1217.                                  

(116) Psalm LXXIII.                                                                         

(117)  II. ad Tim. II. v. 17.                                               

(118) Rom. XVI. 17.

(119) Tit. III. 20.

(120) II. ad Cor. V.

(121) Thes. III. v. 14.

(122) Cant. VII. v. 4.

 

Qu substituye los retratos humanos, por las Imagenes de Jesu-Christo, su Madre, y los Santos: qu pone delante en un Quadro la borrachera, la desemboltura, la naturaleza deshonrrada con la desnudez, y los vicios mas feos, avivados con las gracias, y mas finos hechizos del arte: qu destierra de las galeras las Efigies de las nobles, y santas virtudes, las acciones mas grandes de los Personages ilustres; estos rasgos mas instructivos de la Historia Sagrada, que representan las Actas de los Heroes: qu presume corregir nuestro buen gusto, con darnos la Imagen de Baco coronada de Parra, en vez de Jesu-Christo sentado con sus Discipulos en la Cena: la torpe muerte del Jovencillo Adonis, por la gloriosa muerte del Hijo de la Virgen: la pena de Prometho atado al escollo, y herido del rayo, por la transfixion de Christo suspenso del Leo. A una Venus por una Ins; una Casandra por una Susana; una Niobe por una Cecilia; y una gran Madre por una Madre Virgen.

            Este gusto, Seores, nos lleva imprudentemente al sentimiento de los antiguos, y nuevos Iconomacos. Y vimos, que bien entendida la mana de estos, solo conspira contra las Imagenes Sagradas, que edifican; pero al mismo tiempo gustan de las profanas, y sacrilegas, que dissipan. En el mismo lugar del Calvario, donde en precio de nuestra salud se di vr Jesu-Christo en la forma de Crucificado, levant despues la impiedad diabolica una Estatua de Venus, por si podia echar de nuestra memoria la idea de aquel eterno, infinito beneficio (123).

            Lo mismo hizo (124) en el lugar del Pesebre, y en el de la gloriosa Resurreccion del Seor. En el primero puso la Estatua de Adonis, y en el segundo la de Jupiter. Este mismo gusto es el de los Hereges de nuestro tiempo. Geronymo de Praga (125), uno de estos Iconoclastas modernos, tuvo el gusto de hollar, y echar un estercolero la Imagen de Jesu-Christo Crucificado; pero al mismo tiempo renda sus honores la Imagen de Vvicles, coronada de resplandores. Los Magdeburgenses (126) no gustan tampoco (127) de las Santas Imagenes; pero gustaban poco hace de las Estatuas profanas, y entre otras de la de Othon I. Si os aplicais, reduciris todos estos descaminos un mismo principio. Todo este gusto nace del disgusto, que secretamente sienten nuestras passiones la vista de unas seales, Imagenes, que las reprehenden, las juzgan, las condenan, y les muestran en la Cruz un suplicio. De aqu nace el desuso.

            Pero mientras, que enteramente no lo consiguen, se procura el abuso. Y que el Mundo, y los dems enemigos, no pueden quitarse de encima la Cruz, procuran acomodarsela: se trata de suavizar su aparente aspereza, de inclinar su rigidez, de que sea mas condescendiente el Evangelio, y que se humane aun mas el Crucificado: que se nos pinte en una forma mas apacible, y poco diferente de nuestros gustos, y propensiones. En una palabra, quieren juntar en una Efigie la idea de un Justo, que holl las pompas del Mundo, con los arros de esta misma vanidad secular; y veces, que la Imagen de una Santa Virgen pueda tambien servir de mueca de Flandes. Esto es realmente confundir los idiomas, comunicar Christo con Belial, reconciliar mal al fiel con el infiel (128), y Dios con el Idolo.

 

(123)   In legenda pro inventieon. S. Crucis.                          

(124)   In legenda invent. S. Crucis.

(125)   Joan, Cochlae, lib. III. histor. Hussitar.                        

(126) Crantzius, lib. III. Metrop. cap. XXXI 

(127) Centur. IX.

(128) II. Cor. VI. 16.

 

            Jams la Iglesia admitir esta concordia, falsa paz. Que fea quitada toda supersticion del uso de las Santas Imagenes: que se destierre toda torpe codicia: que se evite toda especie de lascivia: toda belleza escandalosa, todo ornamento profano: esta es la disciplina, que han encargado siempre los Santos Concilios (129).

            Tampoco gustar nunca al Seor esta mezcla. Genadio, Patriarcha Santo de Constantinopla, restituy el uso de la mano seca un Pintor, que se tom la licencia de juntar los adornos de Jupiter una Imagen de Jesu-Christo (130). Hoy sufre Dios muchas de estas profanaciones en las Santas Imagenes. La poca honestidad, y gravedad, con que las visten, el ayre immodesto, con que las presentan, y los atavos, y profanos, y ridiculos, con que las sacan, podrn agradar al Mundo, que v assi sobre las Aras las extravagancias de su luxo; pero cubrirn de vergenza las Santas Imagenes, que se vn hechas el palo, la percha de muchas liviandades juntas.

            A estos los insulta Isaas (131) donde les pregunta, A quin habeis assemejado Dios? Qu semejanza del Seor, ni de sus Santos, hay en essas Imagenes? Esto es solamente el Jucio, y desagravio, que Jesu-Christo desde su Cruz hace contra los que injurian, profanan sus Sagradas Imagenes. Por l habeis visto descubierta la iniquidad de los Impos. Veris ahora el Jucio de los Christianos, que borran en s mismos la semejanza de Jesu-Christo, y esto har la confusion de los mundanos.

 

(129) Omnios porr supersticio in ::: imaginum usu tollantur; omnis turpis quaestus eliminetur; omnis denique lascivia vitetur, ita ut procaci venustate imagines um pingantur, nec ornentur.  Trident. Ses. XXV. de Invocat. & vsu, & c. Const. Senon. in decret. moral. cap. XL. Urban. VIII. Const. Sacrosancta.

(130) Nicephor. lib. V. Hist.

(131) Isai. XL.

 

PARTE SEGUNDA

 

 

            La Imagen de Dios del Mundo es la forma de nuestra naturaleza: la semejanza de Dios es en nosotros la obra de su gracia. La Imagen no se borra ni aun por el fuego; pero la semejanza es deshecha, alterada por el pecado.

            Esto, que pass en nuestro caso con la Imagen de Jesu-Christo, echandola los Judos en el fuego, fin que se quemasse, es, dice San Bernardo, lo que sucede la Imagen de Dios en los que se condenan. La Imagen Divina se abrasar; pero no se quemar en la llama eterna: arder, pero no se consumir (132). No logra tanta incorrupcion en nosotros la semejanza Divina; porque pende de la gracia, que puede perderse: y assi, dra en nosotros por las Santas obras, se pierde por la culpa. La semejanza no assi (prosigue San Bernardo) sino permanece en lo bueno, se muda miserablemente en el alma por el pecado, quedando semejante los Brutos.

            De aqu es, que la semejanza Divina en nosotros es un thesoro muy precioso; pero muy delicado, porque lo llevamos en vasos terrenos. Esta bella, y Divina forma, es la que desde el principio sufre en nosotros mismos muchas injurias. Adam no entendi el honor, que le daba, y por una liviandad vino comparase los Jumentos (133), haciendoseles semejante. El Pueblo, aunque mas escogido, imit muchas veces la incontinencia paterna; y mudaron su gloria (esto es, la forma de Dios) en la semejanza de un Bezerro, que pascia heno: como habla el Apostol mudaron la gloria de un Dios incorruptible en la semejanza corruptible de un hombre, y de las Aves, y de los Quadrupedos, y de las Serpientes (134). A las hijas del mismo Pueblo vi David (135) compuestas en semejanza de Templos, de Idolos. Y hasta en sus Profetas llor (136) Jerusalem una semejanza adulterina.

            Para reformar esta semejanza, ofreci dios su Unigenito. Cmo habia ste de volvernos la forma de Dios, sino hallandose en abito de hombre, y haciendose semejante nosotros? El que tenia la forma de Dios, no afect Divinidad, sino se humill por nosotros hasta la muerte, y muerte de Cruz. Con esto los que estabamos configurados los deseos del Mundo, (137) debimos configurarnos la muerte de Jesu-Christo, para poder ocurrir la adopcion de hijos, y la adopcion de hijos, y la resurreccion, que se har de los muertos; porque ninguno ha predestinado Dios, sino en la conformidad, semejanza e la Imagen de su Hijo. 

 

(132) Imago fiquidem in Gehonna vri poterit, fex non exvri; ardere, fed non deleri. Similitude non fic, fet aut manet in bono, aut fit peccaverit Anima, mutatur miserabilitr, Jumentis insipientibulussimilita. D. Bernard. Serm. I. de Annuntiat.Es doctrina de Santo Thoms all: Ad imaginem et similitulidinem: per hoc quod dicit ad imaginem, not at conformitatem in essentia; per hoc quod dicit at similitudinem, not at, etc.

(133) Psalm.

(134) Rom. I.

(135) Psalm.

(136) Hier. cap. XXIII. ad Phil. III.

(137) Ad Philip. III

  

            Quando el Apostol ha predicado estas verdades, ha sido con el designio de hacernos conocer la obligacion de llevar dentro, y fuera de nosotros la semejanza de Christo humillado (138), aunque sea con improperio: y esto nos exhorta, diciendo: Sentid esta misma Cruz en vosotros, como en Christo Jesus. De aqu la precission de conformarnos con Jesu-Christo, y no con el Mundo. Lo que estipulamos en el Baptismo con el mas solemne juramento, quando renunciamos las pompas vanas, y mundanas, y nos vestimos la forma, y abito de Jesu-Christo. Aqu, dice Santo Thoms, nos iniciamos en la adopcion de hijos por la gracia, que se nos infunde. Y esta gracia se llama Simiente en las Escripturas, porque nos engendra hijos de Dios en razon de semejantes su naturaleza. Aunque nos ser perfecta esta semejanza en nosotros, hasta que le veamos; y entonces la adopcion iniciada llegar tambien perfecta.

            Pues tened bien esta luz, y veris con ella el Jucio, que desde aora est y haciendo del Mundo Jesu-Christo contra los que menosprecian su semejanza. Aqu lo confessaris sinceramente, Seores, que en esta vida son pocos los que hacen honor la forma de Christo, y que no sern mas los que por esta semejanza entren en la adopcion perfecta de hijos. Porque aora, quin hace honor esta semejanza Christiana? El Seor nos mand dr al Cesar, lo que es del Cesar; y Dios, lo que es de Dios. Lo que San Augustin entendi tambien de el Culto, que se debe las Imagenes (139) Sagradas: y Tertuliano lo contrahe particularmente esta semejanza Divina, que est sellada en nosotros. Dad al Cesar (dice) la Imagen del Cesar, que est en la moneda, y dad Dios su Divina Imagen, que est en el hombre (140). A cada uno se le puede dr lo que es suyo sin agravio del otro. Assi lo explica Santo Thoms (141) con aquel precepto concordante del Apostol (142), que dice: Dad todos sus respectivos debitos: quien toca tributo, el tributo: y quien se debe honor, el honor.

            Pues dmos este honor debido la semejanza Divina, que resell en nosotros Jesu-Christo con tanta sangre? Conservamos aun en nosotros esta semejanza? Nuestra forma, y abito publico, nos distinguen de los que no tomaron la vestidura de Christo, de los Apostatas, que se desnudaron y de ella? Si nos pregunta el Juez de todo el Mundo, cya es essa semejanza, que cada uno toma, qu repodermos? Dirmos, que es la de Jesu-Christo Crucificado, la imagen de la Bestia? El luxo de los Christianos de este tiempo, en qu ser diferente del que corrompi los Griegos, y romanos en sus mas brillantes Siglos? Ah! Los Pueblos, que no oyeron de Christo, eran muy grosseros; pero juntamente muy sbrios en comparacion de la fineza de gusto, y del estudio, que hace de sus delicias un Mundo, que se dice Christiano.

            Gimen los Gigantes (143) baxo las aguas: estos Gigantes, digo, que no parece, que fueron bien sepultados con Christo (144) en el Baptismo: y aunque se vean baxo las aguas: Sub aqua maledicere tentant: reclamen, y digan, que esta renuncia fu un acto inconsiderado, y hecho por un Pupilo, que en su mayora puede repetir por su libertad de conciencia, y restituirse al pleno goze de las satisfacciones mundanas.

 

(138) Philip. II.                                                                                  

(139) Serm. VII qui est inter. oper. Aug. tom. X.                     

(140) Tert. de idolat. cap. V. Reddite imaginem Caesaris Caesari; quae in nummo; et imaginem Dei, Deo, quae in homine est, ut Caesari quidem, pecuniam reddas, Deo temetipsum.               

(141) D. Thom. in Petri I. cap. II.

(142) I. ad Rom. XIII.

(143) Job XXVI. v. 5.

(144) Ad Cols. II.

 

            Pro no querrn estos vr mejor las bendiciones de dulzura, con que los previno Dios en aquella edad tierna, dandoles el derecho de hijos por Jesu-Christo, antes que pudieran merecerlo? No debern mas bien agradecer la providencia, y cura paterna, con que la Santa Madre Iglesia se pudo obligar, y oblig en favor de ellos, quando aun eran parvulos, y en nada se distinguian de los Siervos?

            Parece necesario, hermanos, preveniros assi contra los discursos impos: porque en la practica de una vida independiente, afectan algunos la apostasa, en que no pueden romper abiertamentee. Es cierto, que se debe crer las obras, y estas muestran al descubierto, que muchos, baxo el nombre Christiano, tienen vergenza del Evangelio, saben las cosas terrenas, y hallan confusion en retener la semejanza de Christo Crucificado.

            Pensad, Seores, que son mayores las injurias, que teneis, que desagraviar en esta semejanza de Jesu-Christo, que est en nosotros, que las hechas essa Imagen de Christo, quien dedicais estos Cultos. En nosotros mismos es crucificado muchas veces Jesu-Christo por el pecado: en nosotros es alterada, y mudada su semejanza por una atmosphera de vanidad, que nos cerca; por un culto profano, y peregrino, que nos dedicamos; por un mundo muliebre de olores adulterinos, de colores procaces, de rizos, y aseites meretricios, de ayres, y movimientos immodestos, que sacan al vivo una Imagen de la gran prostituta Babilonia, y de la Bestia, destruyendo la semejanza Christiana.

            El Angelico Santo Thoms, que habl con summa discrecion del culto, y adorno exterior, que corresponde al hombre Christiano, y una Seora grave, y honesta, no duda afirmar, que los que se abandonan los excessos notados, se desnudan de la semejanza de Jesu-Christo, hacen contumelia Dios, y profanan con colores postizos la semejanza Divina reformada en nosotros (145). El mismo Jucio hizo antes San Cypriano (146), y aun adelanta, que ossa poner las manos sacrilegas en la Imagen Sagrada, impugna la obra de la Divina Sabidura.

            Pues estas injurias son, las que el Seor siente mas, porque las recibe en la casa de aquellos, que le amaban. Si, os dice el Seor, que los Judos, un Pueblo, que se me revel, hizo cruel, me maldiga, me impropre, y ultraje mis Imagenes, no lo admiro; esso lo sufrir aun: Pero tu, Christiano, amigo mio, y conocido mio? Tu, que eres mi commensal, que recibes de mi mano dulces bocados? Qu andamos de concierto en la Casa de Dios? Tu tambien te averguenzas de mi humildad, de mi desnudez, y de mi Cruz? Son para t escandalo estas seales, Imagenes del Crucificado? Temamos, pues, estos Jucios de Dios.

            Presummos, que merecermos mas respecto, que el antiguo Pueblo? Que tiene Dios mas necesidad de nosotros? Y que si la antigua Republica se dissipo, porque se escandaliz, y rompi contra la Piedra Christo, ser mas estable sta , essotra gente, quando igualmente se escandalize? El que llama su arbitrio las generaciones desde el principio; y el que os llam vosotros, quando no rais su Pueblo, para emulacion de su Pueblo, que le despreci, no podr llamar su Iglesia otra Nacion, que no le conoce, y abandonar sta, si le menosprecia?

 

(145) D. Thom. Op. de err. Pr. lib. V. cap. LV. Superbus ornatus Deo contumeliam facit, cum pulchritudo animae ad imaginem, et similitudinem Dei facta despicitur, et inquinatur: de qua perversitate Deus multm ofenditur.

(146)  Cyprian. apud. D. Thom. 2. 2. quaest. CLXVI. art. II. ad II. Puto, omnes omnim faeminas admonendas, qud Opus Dei, et facturam ejus, et plasma adulterare nullomodo debeant, adhibito flavo colore, vel nigro pulvere, vel rubore, etc. Et pste: Manus Deo inferunt, quando illud, quod ille formavit, reformare contendunt, etc.

 

            Quisiera, que oyerais este grande argumento en la boca de San Pablo, quando hacia temblar con l una de las Naciones mas soberbias, que habian creido del gentilismo. Persuada los Romanos, (147) que dexada la vanidad secular, no quisiessen conformarse, representar la semejanza del Mundo; sino que se reformassen, segn Christo, para presentar hasta en su mismo cuerpo Dios una hostia viva, agradable, que hiciesse su profession un honor, y obsequio racional. Nolite conformari huic seculo, sed reformamini.

            Para traherlos este proposito, les representa antes la desgraciada ruina de los Hebreos (148), que eran sus hermanos, segn la carne: Por lo que se quexa de la tristeza grande, y de el continuo dolor, que sentia en su corazon. Les expone despues la causa de su desercion, el delito dl Judaismo, y les descubre finalmente la raiz de su obcecacion, de su dureza, y de todas sus desgracias en el escandalo, que recibieron en el Crucificado, y en sus seales de humildad, pero de salud. Por ocasin de este delito, y para emulacion de los Judos, les d conocer, que han sido llamados ellos; y de aqu se eleva el Apostol contra su presuncion, contra su vanidad secular, y les hace temer mayor desercion, y cada. Con vosotras hblo, todas,y cada una de las Naciones; advertid esto: Si los Israelitas (149), que eran ramos de una raiz Santa, de una Oliva pingue, hermosa, fructifera, qual la puso el Seor; si estos ramos se han quebrado, y tu, tu Naciones, que erais primero Azebuches, lograsteis ser insertas en la buena Oliva, y haceros participantes de su grossura: no os glorieis contra los ramos, que se rompieron. Pero me diris, ocurre el mismo Apostol, los ramos se han quebrado, para ser nosotros insertos. Est bien, les reponde San Pablo: es verdad, que ellos se quebraron por su incredulidad: pero tu, que aora ests en la f, no quieras saber altamente, sino teme. Porque si Dios no perdon los ramos naturales; mira acaso, que tampoco t te perdone. Ved pues, la bondad, y la severidad de Dios; en los que cayeron, su severidad; en vosotros, su bondad, si permaneciereis; de otro modo tambien caeris. Como si los Judos no permanecieren en su dureza, volvern ser insertos. Porque si vosotros, sacados de la raiz de una Oliva silvestre, y amarga, fuisteis, contra el natural, insertos en la buena Oliva, qunto mas bien aquellos podrn, como naturalmente, reunirse su tronco? No he querido, que ignorasseis este mysterio, hermanos. Y luego entra el Apostol en un extasis, y se pierde en esse pielago de los eternos Jucios: O altitudo! ... Qum incomprehensibilia sunt judicia ejus.

            Esta misma voz de trueno, es la que hoy se oye en nuestro Evangelio, y este es el Jucio, con que amenaza Christo al Mundo. Todava por un poquito, nos dice el Seor, durar la luz en vosotros: Adhuc modicum lumen in vobis est. Andad, mientras que hay luz, no sea que os ocupen las tinieblas. Dm lucem habetis, credite in lucem: como si les dixera, mirad, no caigais en el abysmo tenebroso de la incredulidad, y ste Sol de la Religion, que ilustr primero al Oriente, gir despues por el medio dia de la grande Africa, dobl despues sobre el Aquilon, y los Pueblos, que estn baxo la Ursa, yertos entre nieves eternas; y que finalmente ha tocado y nuestro Ocaso, y descubierto un nuevo Polo; mirad, no acelere esta luz su carrera, y se os ponga el Sol en medio del dia: Adhuc modicum lumen in vobis est, credite in lucem.

 

(147) Rom. XII.

(148) Cap. IX. X. & XI.

(149) Cap. XI.

 

            Y qu mayor Jucio, hermanos, dice San Juan (150), que haber venido esta luz el Mundo, haber clamado, y haber los hombres amado las tinieblas mas bien, que la luz? Hoc est judicium; quia venit lux in mundum, et dilexerunt homines magis tenebras, qum lucem.(151)

            Pero ste aun no es mas, que un Jucio de prevencion, que hace Jesu-Christo los amadores del Mundo, que afectan la gloria, semejanza mundana, mas que la semejanza, gloria de Dios, que es la Cruz. Dilexerunt enim gloriam hominum magis qum gloriam Dei (152). Aora en tiempo somos assi juzgados misericordiosamente de este Seor, que nos corrige, porque despues con el mundo no nos condene.

            Este Jucio ultimo de los amadores de el Mundo, que tuvieron la semejanza de Christo por semejanza de improperio, ser verdaderamente terrible. Porque todo este orgullo, con que aora llevan extendido su cuello; erguida, y raida la frente, y con un ayre insultante, y menospreciador de lo que parece un punto menos (153), all se mudar repentinamente; en un instante se harn timidos en sus pensamientos, y sus iniquidades los trasplantarn un Systema absolutamente contrario.

            Cados de nimo, y penetrados de amargura, y de una penitencia sin uncion, ni esperanza, dirn dentro de s mismo el vr el honor, con que estarn los imitadores de Jesu-Christo. V all los que nosotros mirabamos las mas veces con irrision, y como una semejanza de improperio. (154)

            Nosotros insensatos (155) teniamos por demencia, y flaqueza de cerebro su tenor de vida: mas ay! Que nosotros ramos los que verdaderamente andabamos sin corazon, y sin sentido; nosotros ramos los mentecatos en juzgar por mana la conducta Christiana, y reglada; en tener la verdadera devocion por baxeza de nimo; en no pensar, pensar mal de la otra vida; en llamar un Fantasma la eternidad; en burlarnos de los suplicios, premios venideros; en negar los destinos eternos los buenos, y malos; y en no juzgar bien el honor, qne se debe en el fin las Almas Santas. Vedlos all, han arribado y por la semejanza Christiana la adopcion perfecta de hijos; y entraron en la assimilacion perfecta (156) de Dios, porque le vern tal como es; aora son y computados entre los hijos de Dios, y su fuerte son las castas delicias, que tiene el Seor preparadas las Almas felices.

            Mas benigno, que este peremptorio Jucio, es el que aora est haciendo Jesu-Christo de el Mundo. Aora nos previene, aora nos corrige, y aora condena quanto es contrario su semejanza, que sell en nosotros; pero aun nos exhorta, que reformemos esta forma profanada por nosotros,  y para esto nos concede todava un poco de tiempo: Adhuc modicum (tempus*) lumen in vobis est. Este es el Jucio, y desagravio de la semejanza Christiana contra los mundanos: Nunc Judicium est mundi. Solo nos resta el desagravio de la Imagen, y semejanza Divina, maltratada en nuestros hermanos; y este es el Jucio contra los inhumanos: Qui irascitur fratri suo, reus erit Judicio.

 

(150) Joan. XXIV. v. 13.                  

(151) Joan. III. v. 19.                                        

(152) Lectio Evangelica                               

(153) Sap. IV. 20.  

(154) Sap. V. 3.    

(155) v. 4. & c.

(156) Sup. v. 5.

( * ) El texto Griego aade esta palabra para mayor claridad.

 

PARTE TERCERA

 

            Los Judos conducidos por unos ciegos Maestros, erraban grosseramente sobre los preceptos sexto, y septimo de la Ley. Ponian toda su virtud, justicia en esto, que se v por afuera, y no tenian algun cuidado del interior.

            Pudieron persuadirse estos mismos articulos de doctrina, que hoy afectan tambien crer muchas Almas verdaderamente impas: que es poca cosa la perversidad del corazon: que no merecen pena, y menos eterna, las complacencias secretas: que los movimientos desordenados de la ira, de la concupiscencia, carecen de culpa, aunque se consientan, mientras que exteriormente no se consuman en la obra.

            Estas runas, que habia causado y en la substancia misma de la Ley la Moral relaxada de los Pharisos, son las que formalmente repara aqu Jesu-Christo, y declara en este Evangelio, por digno de el mismo Jucio, al que d, pone escandalo la muger de su proxmo, que al que adultra, y quien se enfurece contra su hermano, lo mismo, que al que lo mata: Qui irascitur fratri suo, reus erit Judicio.

            No se habla aqu de esta ira, que San Chrysostomo llama (157) Philosopha: que San Gregorio tiene por zelo de justicia (158): quien Alberto el Grande hace Madre de la santa disciplina (159). Esta se recomienda, la otra (160) se condena. La ira buena (161) ministr armas Moyss (162) contra los que adoraron el Becerro; y Phinees (163) contra los dissueltos: esta inflam Samuel (164) contra Agag, Rey de Amalec; y Elias contra los Sacerdotes, y Prophetas de Baal; sta admiti en s mismo Jesu-Christo contra los que vendian en el Templo; y dex exemplo San Pedro, y su Iglesia (165), para corregir tan severamente los que ocultaron el precio del campo; y los que escandalizan, y ponen estorvos en el camino (166) de Dios, como Elimas el Mago.

            La otra ira es una passion brutal, y feroz, que degrada los hombres, y los hace bestiales. En el estlo syncero de Santo Thoms se llaman inhumanos (167), porque se desnuda de toda afeccion, y humanidad el que mata su proxmo corporal, espiritualmente, con el hierro, con el lazo de el escandalo. Por esso llamo este ultimo Jucio contra los inhumanos.

            Pero consideremos primero este crimen, que se llama propriamente homicidio. De dnde, me preguntaris, nace, y crece tanto delante de Dios esta ofensa? Por qu un solo acto secreto de ira contra nuestro hermano, nos hace reos del Jucio?

 

(157) S. Basil. homil. X. de ira.                                                   

(158) S. Gregor. sup. Job. cap. V.                                             

(159) S. Albert Magn.                                                                    

(160) Psalm. IV.                                                                      

(161) Exod. XXXII.                                                                                

(162) Num. XXV.                                                                                    

(163) I. Reg. XV.                                                                                      

(164) Psalm.

(165) Act. V. v. 9.

(166) Act. XIII. v. 8.

(167) D. Thom. ap. Perraz. Bibliot. Verbo: homo art.VII. Inhumanus est, inquam, homicida, qua enim pollet, humanitate abutens, frequentr, et contra naturam operatur.

 

            No se os debe dar otra respuesta, que esta misma, que nos ense Dios desde el principio; y se funda, en que es la Imagen de Dios, quien se injuria en el hombre, que se mata, maldice. Este fu uno de los primitivos preceptos, y reglas, que daba el Seor las reliquias de los hombres, que habia salvado de el Diluvio. Para inspirarles horror al homicidio, y hacerlos entrar en la idea de este delito, habla assi, razonando con los hijos de No: Entenderis, que Yo me declaro por vengador de vuestras injurias. Qualquiera, que vierta la sangre humana, quedar reo de igual pena; porque mi Imagen, y semejanza est hecho el hombre: Quicunque fuder it humanum sanguinem, fundetur sanquis illius: (168) ad imaginem quipp Dei sactus est homo.

            Aqu not bien Santo Thoms (169) la reverencia, y buen tratamiento, que nos debemos unos hombres otros. Y reprehende estos, que, por verse elevados un grado superior, tratan sus siervos, y aun sus hermanos, como si fueran de otra especie diferente; como si no tuvieran otro destino sobre la tierra, que ser unas bestias de carga, unas victimas dedicadas su servicio; como si no fueran criados la imagen de Dios, de igual modo que ellos.

            Estas palabras de Dios son, segn el citado Doctor, la unica regla, que puede medir la gravedad de el homicidio: porque el hombre insultado, muerto, era la imagen viva de Dios: Ut homicidij gravitas innuatur, subjicitur: ad imaginem quipp Dei factus est homo.

            Ni hay que estraar esto. Las Imagenes de los Cesares son reverenciadas, como sus Personas. En ellas reciben los honores de los Pueblos, los agravios. No dexara de ser reo de la Magestad ofendida, el que rompiesse, ajasse su Estatua, como si intentra contra su vida, contra su honra. Pues si debemos tener tanto horror (reflexona San Cyrilo) (170) al bulto pintado del Rey terreno, qu reverencia nos pedir la Imagen racional de un Dios Eterno?

            Quando el Apostol (171) manda, que demos honor todos: omnes honor ate, no habla solamente por los Principes, ni por el Rey; aunque se le debe honor sobre todos, como el preexcelente entre todos, sino habla tambien, dice Santo Thoms, de el honor, que se debe todos los hombres, previniendonos los unos los otros, como lo manda San Pablo (172), con afeccion, con dulzura, con reverencia; porque en todos habita esta Imagen viva de la Divinidad, que es la causa de rendir esta honrra. Quia in omnibus est Dei imago, (173) quae est ratio honorandi.

            Pero esta Imagen Divina, que siempre fu digna de tanto honor en nuestros proxmos, se hizo aun mas expressa, y sagrada, desde que fu retocada por la Sangre, y mano de Jesu-Christo. Desde entonces se hizo para los hombres, y buenos espiritus mas repetable, assi como para los Demonios es mas terrible. Un pensamiento de Sedulio tiene oportunidad, y doctrina para mi proposito. Los malos Angeles, dice, temen tanto en nosotros la Imagen de Christo, que representamos, que quando fueron lanzados por el Salvador (174) del Pas de Gerazen, no le pidieron accesso los hombres por el terror su Sagrada Imagen, y se contentaban con entrarse en los Puercos. (175)

 

(168) Gen. IX.                                                                                   

(169) Sup. Gen. cap. IX. Non debet homo tractari sicut animalia bruta, fed potis pi, et reverentr tanqum factus ad imaginem Dei.                             

(170) D. Cyr. Careches. XII. Imago lignea terreni  Regis honoratur, quant magis rationalis imago Dei ?.

(171) I. Pet. II.

(172) Rom. XII.

(173) D. Thom. sup. I. Petr. cap. II.

(174) Math. VIII. v. 31

(175) Tunc Domini praecepta tremens exire jubentis, spiritus infaelix hominum non audet adire effigiem, fagiens quam Christus cernit habere. Sedul. lib. 3. Paschal.

 

            Los hombres no hemos de haber considerado tambien el precio de esta Imagen. De aqu nace, el que nos insultamos por poco. Sobre una question minima nos injuriamos cada instante, en la honrra, en la vida. Como agua es derramada la sangre humana, y como si no fuera un balsamo de tan precioso, y subtil olor, es vertida por tierra nuestra buena fama.

            Mas frequentes son por esto las injurias, que hacemos la Imagen de Jesu-Christo en nuestro proxmos, que las que cometen contra sus Efigies los Judos, Iconomacos. En sus vivas Imagenes es herido desde el origen de el Mundo. Su Imagen fu herida de muerte en Abel muerto: su Imagen fu insultada en los Prophetas, y padecer especialmente hasta en el ultimo de los hermanos, que llenar el numero de los escogidos. A principio in imagine patitur agnus, qui ab origne vocatur occisus.

            Este es el Jucio, que aora hace de el Mundo el Crucificado, y el desagravio, que manda, se hagan unos otros los hombres, que son sus Imagenes injuriadas. No solo el que mata, dice en su Evangelio, es sujeto este Jucio, y debe ste desagravio, sino el que de palabra, de obra menosprecia su hermano: Qui irascitur: qui dixer it fratri suo .... reus erit judicio.

            Haced, segn el exemplar de Jesu-Christo, que se nos mostr en la Serpiente del Desierto, en el Monte sobre el Madero. En no quiso darse en el Desierto baxo la horrible imagen de una Serpiente, sino para sanar los heridos de otras Serpientes; para desagraviar las injurias de los que aguzaban sus lenguas como de Serpientes, (176) para murmurar de Dios, y morder en lo escondido la honrra de sus hermanos. Esta es la letra (177) del Texto. Pero segn el grande mysterio, que se consum sobre el Monte, y en la carne de Christo, l fu immolado, para reconciliar todas las cosas con su Padre, y entre s mismas. El hizo el desagravio hasta de sus mismos Deicidas. El desagravi la Imagen de Dios, y us de misericordia (178) con la nuestra, tomando en s la miseria de nuestra imagen. El finalmente se mostr una Serpiente (179) ignea, de charidad; para hacerse, segn el Apostol, (180) nuestra paz, que puso amigas todas las cosas, atrayendolas su Cruz, y mat todas las enemistades en su persona. (181)

            Otras mordeduras mas ocultas, pero aun mas ponzoosas, damos en las Almas de nuestros proxmos, quando les ponemos escandalo; porque los insultamos con el pecado, y destruimos la semejanza de Dios, que la gracia iluminaba en sus Almas. La Muger, que desde luego fu dada para auxlio, se hizo dentro de poco lazo para escandalo; y quien la Serpiente no ossara morder por s misma, mordi de muerte por medio de Eva.

            Cada dia hace nuevos progressos esta diabolica arte, y no cessan muchas de hacer oficio de Serpientes con cara de Virgenes. Si la grande plaga, y estrago, que esto hace en el Pueblo, pudiera ser conocido, clamariamos al Moyss verdadero, que nos proveyesse de remedio. Pero son pocos los que se duelen de un veneno, que mata halagando; y menos los que pueden sondar, y dar f de la gravedad de una herida recibida en el espiritu, que no tiene carne, ni huesso.

 

(176) Psalm. CXXXIX. v. 4.                                                           

(177) Num. XXI.                                                                        

(178) Imagines tuae, Deus, miserere; fed in quo te   agnoscam misereri ? In eo, quod imaginem  mean in te video similem, et eandem miseriam pati. Drogo de Sacram. Pasion.             

(179) Seraphim se lee en el Texto Hebreo: Fac tibi Serpentem.

(180) Ephes. II.

(181) Evangelica lectio.

 

Si nuestra justicia abundra mas, que la de los Pharisos; quiere decir, si fueramos mas estudiosos del interior, si fueramos mas espirituales, y supiramos philosophar de las Almas; vieramos, quantas son las que de un grande Pueblo hace perecer un solo escandalo. Salviano (182) contemplaba estas hijas de los hombres, que se componen en semejanza de Idolos, hechas unos modelos, e imagenes de prostitucion, cuya semejanza toma en un instante una grande Plebe, que igualmente se prostituye. Aqu es donde una pequea chispa quema en un punto toda una selva; porque segn el Romano Orador, vuelan presto los fuegos de el nimo.

            Aun mas de llorar es, que los que debiamos conservar la semejanza Divina en nuestros proxmos; los que debiamos ser la forma exemplar, para que se conformasse con Christo (183) todo el Rebao; los mismos, que somos propuestos para exemplo de vida, para modelo de santas obras, para similes de sanas (184) palabras, siendo discipulos de aquel, que se nos di por semejanza, sin alguna ocasin de pecado; damos muchas veces exemplos de pravedad, somos hechos el Idolo en medio del Templo (185), y una red extendida sobre el Tabor (186). El buen exemplo, que todos debemos nuestros proxmos, es el desagravio de estas injurias, que hace el escandalo.

            Pero los y mordidos nada los sana, y desagravia mas eficazmente, que aquel Seor exaltado en el Leo. Mas quando lo miris, Seores, no os cause su humilde aspecto aquella especie de temor, y de horror, que ocurre la mente de los Impos, quienes dixo Moyss: y vuestra vida (187) estar  pendiente ante vuestros ojos, y temeris dia, y noche, y no creeris vuestra salud: Porque ellos no miraron en el Seor Crucificado ninguna otra cosa, que la idea de su delito. De aqu les nace un temor, no como el que (188) justifica la f verdadera, sino como el que atormenta la conciencia iniqua. Vedlo vosotros con aquellas miras Christianas, que perciben amor en toda su figura.

            Todo, menos este afecto, pudo ocultarlo all (189) de nuestros ojos. All estn escondidos (190) los tesoros de su Sabidura: all est escondida (191) su Divinidad: all tambien est escondida (192) su fortaleza: all est como escondida (193) su  cara;  pero  no  pudo  ocultar  all  al  Mundo  su  charidad. Esta sbra, para hacer admirable  la  potencia  de  la  Cruz,    inefable  la  gloria de su Passion.

 

 

(182)  Salvian. de Provident. lib. VI. In Illis imaginibus fornicationum, omnis omnin plebs animo fornicatur.

(183) I. Cor. IV. 16.

(184) Ad Tit. I. & cap. II.

(185) Zach. XI. 15.

(186) Osee V.

(187) Deut. XXVIII. v. 66

(188) S. Leo Pap. Serm. VIII

(189) Colos. II. 3.

(190) Isai. XLV. 15.

(191) Habac. III. 4.

(192) Psalm. LIII. 3.

(193) Isai. cap. LIII.

Esta dirige aora esse Tribunal de el Seor, el Jucio del Mundo, y la potestad de el Crucificado. Con este amor atraxo todas las cosas s, desde que extendiendo sus manos todo el dia un Pueblo, que lo contradixo, recibi todo el Mundo el Canon de su confession. Atraxo toas las cosas s, desde que para execracion del Pueblo Judaico, vinieron todas las criaturas pronunciar sentencia en su desagravio. Dexos vosotros tocar de la virtud, que sale de l; no resistais su atraccion; no os cause su vista terror, y mirandole, se mitigar el ardor de las mordeduras; se evacuar el veneno de la ira; se calmar el fuego de las concupiscencias; se reducir el desorden de las passiones mas vivas, y segn el Evangelio, conseguiris la vida eterna.

  

 

Que os conceda el Padre con el Hijo,

 y el Espiritu Santo,

por los siglos de los siglos.

 Amen.

 Antonio Durn Azcrate.1997

 

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